martes, 18 de mayo de 2010

Verano Feudal

¡Despiértate Bolsón¡, me pareció escuchar al intentar abrir los ojos aturdido, una alerta aguda e intermitente entorpecía mi mente para distinguir el sueño de la realidad, creo que soñaba en un cuarto de un hotel de playa, caluroso, tropical, definitivamente acogedor -¡Que te despiertes¡-, el zumbido persistente era mi reloj despertador que marcaba las 6:30 am.

Ciertamente me encontraba en mi departamento, amodorrado sobre mi cama perfectamente tendida, y cubierto por una toalla. Me había quedado dormido exhausto mientras veía la televisión, y dado que el clima en la Ciudad de México ha sido infernal últimamente, ni siquiera necesité de cubrirme en mis sábanas. Digo clima infernal porque seguramente así debe de torturar Satanás a algunas personas en su temido establecimiento, el verano en esta ciudad es un tormento.

A las 6:30 es penumbra y creo que es la hora con el clima más agradable para las 8:30 la temperatura ya rebasa los 15 grados y hay cierta humedad en el ambiente que se causa porque para las 12:00 del día ya estamos sobre los 25 grados y para las 20:00 ya habrán pasado un par de chaparrones que únicamente agitan el calor, mojan a la gente y detiene el tráfico por horas. Los días así son sencillamente fastidiosos, si estas en cubierto hace calor y si estás a la intemperie hace más calor o te mojas.

En fin, las noticias insisten con el posible secuestro de Diego Fernández de Ceballos, personaje político mexicano estereotípico, como él han existido desde los señores feudales hasta nuestros actuales hacendados. Digamos; personaje que encuentra el poder desde fuentes inciertas y que desarrolla -por instinto- la capacidad de mantenerse de una u otra forma dentro del circulo social que lo detenta, para desde allí nutrir su vida pública. Temperamental y caprichoso, personaje (a veces protagónico y otras sencillamente tras bambalinas) de la mayoría de los dramas políticos de nuestro país en los últimos 20 años.

Una figura pública, tan llevada de boca en boca que ya no se puede definir con certeza si es bueno o malo – como si hubiera alguna certeza en esas calificaciones-, allá lo llaman precursor del cambio en México, acá lo llaman títere del innombrable, más allá un abogado recio y por aquí un corrupto traficante de influencias. Bueno, alguna vez leí un cartón que decía que era ¡la reencarnación del Ayatola Jomeini! –figúrense-.

El caso es que este distinguido personaje, que después tener varios cargos públicos de gran intervención en la política mexicana se encontraba fuera de la escena pública,y ¡desapareció! hace unos días, nadie sabe su paradero, las causas de su desaparición, si fue o lo fueron, ni nada. Y como sucede en estos casos, lo que se sabe no es lo grave ¡sino que no se sabe nada!

La inquietud que me despierta este asunto es cuál es el desenlace más temible que puede tener esta historia en nuestra política, un secuestro a un personaje acaudalado puede ser “una raya más al tigre” pero el posible asesinato de una figura como la de “El Jefe Diego”, ¿qué mensaje manda?, ¿quién lo manda? y ¿cómo reaccionará nuestro Estado?. En la época de las cruzadas eran precisamente los Señores quienes cabalgaban valerosos a la expulsión de los herejes y sí alguno de ellos caía... su feudo (su pueblo) quedaba desvalido.

Serán nuestro gobierno y sus jinetes capaces de expulsar o controlar la herejía que hemos azuzado en los últimos años o veremos caer a los caudillos uno a uno hasta que entendamos que nuestro lugar es seguir revueltos en “el mismo lodo todos manoseados”.

-¡Que te despiertes chinga!-

lunes, 31 de diciembre de 2007

Feliz Epifanía en el Cielo

Recuerdo la sonrisa de Don Juan al momento en que me acercaba al árbol de navidad frente a toda mi familia; papás, tíos, primos, hermanos y demás parentela. Me situaba al lado del enorme montón de regalos y leía torpemente y en voz alta que aquella caja enorme envuelta en papel metalizado había sido enviada del "Niño Dios" para mí. Recuerdo esa misma sonrisa hace apenas dos años cuando alguna de mis primas más pequeñas parada en el mismo lugar, leía con el natural silabeo de quien recientemente aprendió a leer, que aquél regalo del Niño Dios era para mi.

Tampoco puedo olvidar la sonrisa, que siempre fue seria pero no menos feliz y llena de amor y orgullo, que mostraba mi abuelo "Don Juan" cuando corría a agradecerle el regalo que en nombre del Niño Dios me había hecho. Han pasado más de 20 años desde aquella ocasión en que yo repartía los regalos hasta esta Noche Buena, definitivamente sé que me hace falta su sonrisa y aliento en este día.

Seguramente esta noche habrá regalos en nombre del Niño Dios, también seguramente el árbol de la casa adornado con cientos de luces, estará lleno de regalos para la gran familia que construyó el viejo. Estoy seguro que cada uno de esos regalos fue buscado con el deseo de hacer sentir, a quien lo recibe, que fue “El Niño Dios” quien lo regaló.

Mi sentimiento hoy, que se ve envuelto por un velo de nostalgia y tristeza por la ausencia del Abuelo, también es un nuevo sabor para la Noche Buena, en la que la mano de Don Juan levanta el telón que descubre su obra maestra, aquella estructura de bronce sólido que forjó día con día durante 84 años y que tituló “MI FAMILIA” y que jamás imaginó tendría la forma y la estética que hoy presenta.

Esta Noche Buena, el Niño Dios regresa a la casa de mis abuelos y se multiplica en cada una de las personas que durante toda su vida recibieron en su nombre un regalo de Don Juan, que hoy como en un rito -como una comunión- regalan un pedacito de ese amor que recibieron de Dios a través de su Padre, su Esposo, su Abuelo, envuelto en papel metalizado y puesto debajo del gran árbol de Navidad que apunta hacia el lugar en donde seguramente el Niño Dios y Don Juan nos sonríen como lo hicieron cada una de las navidades que he vivido.

Feliz epifanía en el Cielo Don Juan, te extraña y te quiere desde aquí tu nieto.

El Chiquilín.

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